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De Juan Palomo a Agencia de Publicidad

“Juan Palomo: yo me lo guiso, yo me lo como.”

A veces, que un grupo de personas compartan clientes, tiempo, herramientas de trabajo y un mismo espacio no significa que funcionen como un equipo incluso a pesar de que la relación y el espíritu colaborativo entre todos ellos quede patente su forma de relacionarse entre sí. Así, es relativamente fácil que una empresa se convierta casi en un espacio de coworking donde reina la autogestión y la falta de sentimiento.

¿Dónde está mi equipo?

De esto me di cuenta más rápido de lo que me hubiera gustado, cuando entré a trabajar en la primera agencia de publicidad que quiso acogerme. Desde muy pronto quise aportar mi granito de arena para remediarlo, aunque no siempre ha sido fácil. A veces el “enemigo” está en casa. Puede ser un jefe, los compañeros o incluso uno mismo.

Desde este primer momento, han cambiado algunas cosas, algunas personas, y espero no equivocarme si aseguro que también que poco a poco, va cambiando el espíritu y nos vamos convirtiendo en un equipo cada vez más sólido y mejor engranado.

Confieso que, seguro debido a una impaciencia enfermiza y unas enormes ganas de notar el resultado del trabajo invertido, me apresuré a alimentar el insomnio pensando que resultaría muy complicado conseguir buenos resultados en la construcción de un equipo a pesar de contar con la mejor materia prima: Unos compañeros de lujo.

Después de leer varios libros sobre cómo construir equipos, gestión de creatividad en el trabajo y varios ejercicios y dinámicas aplicadas al día a día, me siento completamente orgulloso de que entre nosotros empezamos a respirar cada vez mejor ambiente de equipo y de ver cómo cada vez las cosas salen mejor.

Un equipo te hace ganador

¿Que porqué?. Pues es una buena pregunta, y seguro que la respuesta puede ser muy extensa, aunque me atrevo a resumirla en tres elementos básicos.

  • La primera sería la asunción de la responsabilidad y el control de procesos y tareas que permita crear sistemas y protocolos de trabajo para sentar las bases de una buena colaboración y de un funcionamiento global bajo dirección.
  • La segunda consiste en que las personas que han integrado el grupo reconozcan al responsable como tal, y que tengan entre sus cualidades suficiente capacidad de compromiso, que en este punto tan inicial podríamos considerar casi como una fe ciega en que las cosas mejorarán. Como todas estas cosas, ninguna es muy sencilla de lograr, pero esta es especialmente gratificante para el conjunto.
  • La tercera, sería una de las más abstractas a nivel inicial, pero también una de las más interesantes y difíciles de lograr, que es conseguir crear una meta común que permita que las personas nos involucremos más allá.

En cualquier ámbito, las personas tenemos motivaciones de muchos tipos y no todas son fáciles de ver ni tan siquiera por nosotros mismos. Por ello, intentar encontrar en cada uno de los integrantes de un grupo los puntos de motivación comunes y por otra parte conseguir a nivel grupal dirigir la atención sobre una meta común, parece ser uno de los elementos que más suman a la hora de generar este “espíritu de equipo” que nos ayuda tanto a mantener una mira común por encima de buenos y malos días.

Así que, como conclusión diré que construir un equipo ha logrado que el día a día en la oficina sea la realidad de una agencia donde lo mejor de cada uno tiene cabida y que cada vez más funciona como un todo cohesionado, por lo que os recomiendo que comencéis a buscar y a escuchar a la gente de a vuestro alrededor para intentar entender qué les mueve, pues engancharles con sus propias motivaciones harán que construir un equipo ganador sea mucho más fácil.

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