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¡Qué miedo! ¡Una presentación!

Seguro que a todos os ha tocado enfrentaros alguna vez a una presentación delante de mucha gente, y la verdad es que suelen ser pocas las personas a las que les agrade este momento, donde de repente, uno se convierte en el centro de atención y parece que cada mínimo error se magnifica.

Si no es así, estáis de suerte, pero por otra parte, nunca viene mal plantearse cómo enfrentar una situación de este tipo, para salir lo más airoso posible, y si se puede, cumplir objetivos.

Si dos es pareja y tres es multitud, cuando son 20 personas con sus sillas y sus ojos mirando fijamente hacia ti, es multitud seguro. Pues este es el escenario en el que me he visto esta semana, casi de imprevisto.

Así ocurrió

Llevábamos casi dos semanas preparando una presentación con los puntos fuertes de nuestra agencia de publicidad, estudiando a nuestro potencial cliente y generando ideas y procesos para plantearles en la ponencia y tratar de “ganar” la cuenta. Ya sólo pensar lo que supone abordar una presentación bien estructurada a nivel de planificación y creatividad y prepararla con su maquetación e imágenes correspondientes lleva su tiempo. Por lo menos suficiente para, sumado a los imprevistos propios de nuestra profesión en el sector de la publicidad y el marketing, dejarme reventada la planificación de las dos semanas tanto para mi, como para el resto de compañeros involucrados.

Esto ya conlleva imaginar a un tipo como yo, hiperactivo y workahólico, completamente borracho de trabajo y acostándose a altas horas de la madrugada durante el fin de semana para llegar a tiempo con el dossier de propuestas para enviar al cliente.

Pues en esta tesitura y dando gracias por haberme levantado y haberme puesto pantalón corto y camisa (en verano por todos es sabido que los publicistas, creativos o programadores a veces ni nos quitamos el pijama para ir a trabajar), amanezco a mitad de semana con la noticia de que la presentación no se “envía” si no que debemos presentarla en una hora y media ¡enfrente de unas veinte personas!

Amar la publicidad, o huir definitivamente

Estos son los momentos en los que sólo si amas verdaderamente esta profesión, te quedas a cumplir con tu trabajo en lugar de salir corriendo y mudarte a vivir al campo una vida de ascetismo y tranquilidad en comunión con la naturaleza. Y se ve que me gusta de verdad, porque automáticamente, preparé un guión que me permitía llevar en cuatro hojas el contenido de 52, y salí a recorrer en círculos la manzana donde está nuestra oficina para estudiarme la presentación que habíamos realizado, y de paso, para que la gente de la zona pensara que estaba loco, hablando sólo por las calles.

Así, con sudores fríos y el pulso de un taladro hidráulico en funcionamiento, cogí el ordenador y con una compañera, partí hacia mi destino sin saber que, para restar tensión al momento, la presentación era un duelo entre cinco agencias de publicidad que nos disputábamos la cuenta. Además, según vi el lugar donde se estaban desarrollando las exposiciones recordé porqué tengo miedo escénico si hay más de tres personas mirando: el escenario resultó ser una mesa alargada donde se exponía en soledad y “enfrentado” a todo el público, a modo de rueda de prensa.

Presentaciones de “en-sueño”

Resultó entonces que pude ver cómo todas las agencias sobrepasaban sus minutos de exposición poniendo el valor las propuestas aportadas por ellos, mientras yo temía que cuando llegase mi turno todas las ideas hubieran sido dichas (y en ocasiones repetidas), y que el público me llegase ya dormido.

Ambas fueron casi ciertas: estaba casi todo dicho y aunque hubo algún bostezo, nadie se durmió, aunque probablemente gracias a los videoclips de algunas pantallas que, de fondo, proyectaban en silencio bailes reguetoneros de algún canal musical, para mayor desgracia del ponente.

Los últimos serán los primeros

Así, poco a poco, como una imparable cuenta atrás, me llegó el turno de salir al ruedo y tenía dos cosas muy claras: no se podía estar más nervioso, ni el público más harto de escucharnos.

Uno de mis problemas, era que no sabía a quién me dirigía. Eran varias personas pero… ¿Quién era el jefe, o la jefa? A quién debía ganarme es una de las preguntas que me hice desde el principio, y por la posición de cada persona en la sala, y la forma de preguntar o de hablar, estaba casi seguro de a quién tenía que mirar todo el tiempo. Resultó que ser el último no fue tan malo.

Coloqué mi ordenador abierto sobre la mesa, un iPad y mi cuaderno, y lo primero que hice incluso antes de sentarme fue presentarme intentando que tanto mi nombre y mi cargo, como el nombre de la agencia, pudieran ser escuchados por todos alto y claro (yo no me había enterado de los nombres de los ponentes ni de las agencias que representaban en los speeches anteriores).

Trata de arrancarlo

Acto seguido, y aún sabiendo que los valientes son los primeros en morir, expuse que aunque traía una presentación de más de 50 hojas y un guión de 4, lo iba a dejar al margen porque casi todo estaba dicho y no quería aburrir (más) a los asistentes con un pormenorizado de acciones que podrían estudiar tranquilamente en nuestra presentación. En lugar de eso, decidí contar lo que ellos realmente querían escuchar decidí emplear el tiempo en exponer la información realmente relevante para ellos, olvidando el guión preestablecido y mi zona de confort: esto fue básicamente exponer el porqué escoger la agencia en la que trabajo es la mejor opción para ellos.

Hay que decir, que en el marco de este acto que me resultaba en tiempo real entre suicidio y heróico, los nervios me traicionaron y, carente de guión, cuando dije que iba a citar 6 puntos de acción fundamentales y perdí uno que no fui capaz de recordar, salí del paso como pude y continué lo mejor posible. Un lapsus que me costó unos minutos de boca seca y que ni Carlos Sáinz al grito de Luis Moya de “¡¡Trata de arrancarlo Carlos!!” habría sido capaz de poner en marcha, pero que no restó mérito a que me gané la atención de la gente usando una apertura en la que llamar la atención de forma positiva fue lo fundamental y me permitió seguir con mi propuesta consiguiendo destacar entre el resto de ponentes.

Cuestión de práctica

Todavía hoy no se si mi valentía tendrá recompensa o no, pero mientras tanto he aprendido 11 cosas que me llevo en la mochila para el resto de mi vida:

  • No todo el que habla solo por la calle está loco. Puede que esté preparando una presentación importante.
  • Ser el último no es tan malo.
  • Saber a quién te diriges, ayuda para acertar el tiro.
  • Exponer con una pantalla con videos musicales con bailes sexuales de fondo, no ayuda para captar la atención.
  • Ser igual que los demás no es una opción.
  • Tomar riesgos, te puede dejar la boca seca, pero a veces trae premio.
  • Nunca digas el número de puntos fundamentales que vas a enumerar. Enumera y punto, el que escucha no los sabe, y te curas en salud (gracias por el consejo papá).
  • Es importante contar lo más importante a transmitir, y lo que realmente quieren escuchar.
  • Mantener una actitud empática con el público, ayuda a saber lo que hace falta en cada momento.
  • Quedarse en blanco le pasa a cualquiera, “the show must go on
  • Todo lo que he hecho bien en esta ocasión lo haré en la siguiente, y lo que he hecho mal lo mejoraré: la práctica es fundamental

Ahora solo queda cruzar los dedos, y ver si además de necesitar mucha más práctica en esto de las presentaciones multitudinarias, por lo menos conseguimos la cuenta. Deseadnos éxito, porque el trabajo está hecho.

 

 

 

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2 comments

  • Jesus Sanz 15 julio, 2016   Reply →

    Miguel, poniéndome en tus zapatos… me han entrado sudores fríos. Ya más en serio, das la sensación de que tu creatividad y el pensar de forma diferente (sin olvidarnos de que has sido capaz de hacer lo que has hecho) te ha ayudado una vez más a salir del paso en una situación complicada. No tanto por el número de personas como por los cambios sobre el escenario que tenías previsto unos días (o incluso momentos) antes. Felicidades por ello.
    Estoy de acuerdo en casi todo lo que resumes con tus conclusiones.
    Mi duda se centra en ‘contar … Lo que quieren escuchar’. Quizá yo lo reescribirla como ‘Es importante contar lo importante a trasmitir, poniendo foco en lo que es importante para la audiencia’. Si cuento lo que quieren escuchar, ¿estoy siendo honesto con la con mi empresa y conmigo mismo? ¿No estaré generando pan para hoy y hambre para mañana?
    Muchas gracias por la entrada y por compartir esos momentos por los que todos pasamos pero que pocos ponemos a la luz, muchas veces por aquello del qué dirán.

    • Miguel Sanz 20 agosto, 2016   Reply →

      Lo primero, muchas gracias por tu comentario, es muy reconfortante recibir una vision diferente que nos ayuda a mejorar.
      Creo que debo darte la razón en tu duda. Mi forma de transmitir “contar…lo que quieren escuchar” no fue la más correcta. En cuanto tenga un segundo corregiré esta parte del escrito. Mi intención era transmitir justamente lo que indicas, se trataba de ser capaz de huir del confort y del guión establecido dando a la audiencia lo que había ido a buscar: una respuesta a sus necesidades.
      Saludos!

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